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¿POR QUÉ LLUEVE TANTO?

Por Joaquín Venturino

La respuesta combina dos factores principales: la llegada de potentes ríos atmosféricos y la influencia de El Niño, intensificados por el calentamiento global. 

En el noroeste de la Patagonia, especialmente en San Carlos de Bariloche, las lluvias superaron los 830 mm acumulados, duplicaron los registros históricos y revirtieron de manera abrupta una década de sequías continuas. Este cambio se vincula con la llegada de potentes ríos atmosféricos y con el fenómeno de “El Niño”, un evento climático cíclico que ocurre cada dos a siete años.

El Niño se origina cuando los vientos alisios —corrientes de aire constantes que soplan en las regiones tropicales y subtropicales, desde los 30° de latitud norte y sur hacia la zona ecuatorial— se debilitan o invierten su dirección. Como consecuencia, las aguas superficiales cálidas del océano Pacífico ecuatorial se desplazan y se acumulan frente a las costas de Sudamérica, en lugar de avanzar hacia Asia y Oceanía. 

En el contexto de 2026, este proceso interactúa con el calentamiento global y consolida un “Súper Niño”, caracterizado por aumentos alarmantes de la temperatura marina que aportan niveles inéditos de calor y humedad a la atmósfera. Sus efectos varían considerablemente según la región: mientras, provoca, sequías severas en zonas como Australia o Colombia, genera precipitaciones torrenciales y riesgo de inundaciones en el Litoral argentino, Perú y Ecuador. 

En el entorno local, el rápido lavado de la nieve de los cerros hizo que los lagos de la zona subieran unos 70 centímetros en apenas diez días. Según advierten científicos del Conicet, esta crecida drástica mantendrá los lagos en cotas máximas durante los próximos meses y reducirá de manera crítica las playas durante la temporada de verano. Además, el exceso de agua ablanda los terrenos y aumenta el riesgo de deslaves de barro y piedras, así como de desprendimientos en rutas clave, entre ellas las rutas 23, 40, 237 y 231. A mediano plazo aparece otro peligro menos visible: la humedad estimula un crecimiento explosivo de la vegetación, que, al secarse hacia el final del verano, puede convertirse en un gran volumen de material combustible y elevar severamente el riesgo de incendios forestales tardíos. 

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