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Por qué ganan los que ganan

El contundente triunfo de Schiaretti se explica por varias razones. El gobernador de Córdoba se mantuvo lejos de los enfrentamientos y prefirió reelegir, para no arriesgar con una precandidatura presidencial.

08:43 13/5/2019



*Por Ignacio Zuleta

Juan Schiaretti festeja el resultado del domingo como un "cordobazo" a la altura de su talla, la del dirigente peronista más importante de la Argentina. Nadie sabe nunca por qué se gana una elección, pero conviene repasar algunas constancias útiles para develar el enigma:

- Schiaretti repite, voto más, voto menos, el porcentaje que sumaron en 2015 su lista y la del cristinista Carlos Acastello, que fue entonces del 57,16%. Le ganó la elección a gobernador a Oscar Aguad, que sacó 33,7%, poco más de lo que sumaron el domingo los postulantes de su partido, Mario Negri y Ramón Mestre.

- Esto confirma la hipótesis de que el electorado es estable en sus preferencias y que el peso de la campaña es más que relativo. Schiaretti apabulló porque unió al peronismo disponible. Los bastoneros de Cambiemos pierden porque se dividieron. Se nota más ahora por el resultado negativo de la elección legislativa y en los municipios. Eso debilita a los partidos que integran Cambiemos en la disputa por el territorio provincia.

- Schiaretti y Mauricio Macri tienen un pacto objetivo para beneficiarse del electorado que comparten en ese distrito, que ha cifrado el éxito de Cambiemos en 2015 y 2017. El gobernador de Córdoba mantuvo la separación de fechas electorales que lo beneficia a él como el jefe político de la capital nacional del antikirchnerismo. Lo dejó en claro cuando ratificó el fichaje en Alternativa Federal en el discurso de la victoria. También puso el énfasis en la semántica anticristinista al hablar de equilibrio fiscal, un peronismo republicano y de que nunca ha defaulteado ni defaulteará.

- El resultado es fruto de haberse mantenido lejos del barro de las disputas del peronismo nacional, a quien le ha quitado hasta ahora el concurso del segundo distrito del país en cantidad de votos. Bailó en el escenario como quien le tiene salud de sobra, pero no dijo si jugará una candidatura presidencial o si le levantará el brazo a alguno de los candidatos federales. ¿Será prudente abandonar la estrategia de la construcción del movimiento cordobesista que tiene el apoyo de un electorado más amplio que el padrón del peronismo. Unión por Córdoba se parece más a un movimiento provincial que escapa al eje nacional de radicalismo vs. peronismo, como ha hecho durante décadas el MPN de los Sapag en Neuquén.

- Schiaretti integra un grupo de gobernadores peronistas que no quieren ser candidatos a presidente. Son la mayoría. Prefieren reelegir y no arriesgar lo que tienen por un botín que puede resultar quimérico. Esa reticencia expresa la debilidad del peronismo en este round electoral, que no parece seguro de ganarle una elección a un Macri en su momento de mayor debilidad. Si percibieran una chance de triunfo, estarían haciendo cola para anotarse en la carrera y buscando alguna sociedad con Cristina Kirchner, dueña del peronismo en el distrito más grande de la Argentina. Eso, por ahora, no se ve, pero en política no hay nada que esté escrito en la piedra.

- Macri entendió siempre que Schiaretti reelegiría sin problemas la gobernación. Lo ayudó mucho desde la gestión, y eso motivó rispideces entre Olivos y los socios locales de Cambiemos, que se quejaron siempre de los favores que dispensaba al gobernador en demérito de los aliados locales. Sólo Elisa Carrió se atrevió a quejarse de ese desentendimiento de Olivos y lo personificó en Rogelio Frigerio. Antes Negri había intentado despegarlo a Macri de la derrota: "No hemos sido los candidatos del gobierno nacional", dijo.

- El desentendimiento refleja una de las debilidades de Cambiemos. Es una fuerza que componen una UTE con plazo de vencimiento, el PRO de Macri que tiene vida mientras mantenga vigencia su conductor, y partidos como la UCR y a Coalición Cívica, que preexisten a Cambiemos, y lo sobrevivirán. Los intereses del PRO son del momento, los de sus aliados vienen del pasado y se prolongan hacia el futuro, valoran intereses distintos y sólo cuando coinciden en algunos de ellos pueden trazar una estrategia común. No ha sido el caso de Córdoba, en donde el interés de Olivos era no complicarle la reelección, que hubiera peligrado si los candidatos de Cambiemos lo enfrentaban todos juntos. El interés de los socios locales era preservar lo más valioso que jugaban: el gobierno de la Capital provincial, la segunda ciudad de la Argentina.

- Si se mira este resultado con referencia a la disputa nacional es claro que Schiaretti juntó todo el peronismo disponible, que contiene unos 10 puntos del cristinismo de la lista que Cristina bajó de la disputa. Esa franja votará a la expresidenta en octubre. El resto, como ocurrió antes, queda disponible para Macri y sus competidores. En 2015 ese voto apoyó mayoritariamente al actual presidente. Hoy ese escenario es difícil por la caída en el prestigio del Presidente en ese distrito. Es donde Cambiemos tendrá que poner el esfuerzo mayor en esta campaña. Es imaginable que el 54% del domingo que logró Schiaretti irá a ese reparto y que no todos esos votos se los llevará el peronismo.

- La suma de los radicales, que araña los 30 puntos, es el resultado de un voto radical puro, casi testimonial, que es difícil que se vaya a otras propuestas en octubre. El esfuerzo de la campaña será también para aferrar esa base que, a primera vista, sólo puede crecer. En síntesis, lo que para el peronismo es techo, para los radicales parece piso. Se entienden las palabras de Carrió cuando dijo que no es un mal resultado para Macri. Son números feos, porque a nadie le conviene perder, pero surgen de un sistema que se mantiene intacto y que repite las tendencias de 2015 y 2017.

- Córdoba mostró cómo se manifiestan en las elecciones provinciales algunas constancias que parecían ocultas o ignoradas en encuestas y otros pronósticos, como el peso del voto verde y el voto celeste. El cuarto candidato a gobernador más votado en Córdoba fue Aurelio García Elorrio, que sacó más votos que la izquierda del FIT, 3,72%. García Elorrio es un abanderado del rechazo a la despenalización del aborto. La provincia de Córdoba aportó el año pasado muchos votos al No a la despenalización y el peronismo puso la mayoría; 12 estuvieron a favor del No, 5 del Sí y hubo una abstención, de la mujer de Schiaretti Alejandra Vigo. Los 3 senadores del distrito fueron por el Sí, y perdieron la votación. El resultado premió a la opción celeste del peronismo frente al radicalismo, que apoyó la despenalización en la Cámara baja.

- Es la tercera elección que premia a los celestes. En Santa Fe, la animadora Amalia Granata, una adalid del rechazo a la despenalización del aborto, alcanzó en las PASO cerca de 150 mil votos como candidata a diputada provincial. Con esa cantidad de votos sería, si quisiese, diputada nacional, y eventual candidata a gobernadora en una provincia que consagró en 2001 el Voto Clemente - estrella de las legislativas de aquel año nacional, y en 2015 a Miguel del Sel, que no fue gobernador por un pelo. Esto habla de la fineza de ese electorado, que adelanta preferencias que después pueden nacionalizarse. En esas PASO santafesinas, la mayor cantidad de votos la tuvo el senador Omar Perotti, que se significó en el debate del aborto con una abstención. Los pesquisas de estas tendencias agregan que en las PASO de Entre Ríos, el candidato radical Atilio Benedetti perdió más de diez puntos respeto de las legislativas de 2017, que las había ganado, para perder frente al peronismo; Benedetti votó a favor de la despenalización en la cámara de Diputados.

- Esto ocurre a pocas horas de que el jefe de los obispos, Oscar Ojea, le entregase una carta de situación al papa Francisco en donde dice: "La instalación del debate del aborto nos hizo a los argentinos mucho mal". Es un reproche tácito a quien instaló ese debate, que fue Macri. Hace un par de semana el exvocero del papa Bergoglio, Guillermo Marcó, dijo que "los católicos no van a votar a Macri". No bastó que dijera que no lo dijo. Resonó igual. El exobispo de La Plata Héctor Aguer, había tronado en junio, después de la aprobación de la despenalización en Diputados: "Macri lo hizo. ¡Alerta, votantes!".

- Después de esta elección oficialismo y oposición le van a tener que poner un ojo a estas tendencias subterráneas del voto para neutralizar el peso que pueden tener en el resultado final. Hay un público que mira lo que hicieron los legisladores en temas de conciencia o de convicciones, antes de preguntar si son neoliberales o populistas.

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