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Brasil / Bolsonaro presidente: la hora de las respuestas

09:58 29/10/2018




Por Sergio Berensztein

Resuelto el balotaje a favor del candidato políticamente incorrecto, Jair Bolsonaro, Brasil se prepara para un experimento casi sin precedentes en la región. Habíamos tenido en los últimos tiempos candidatos que enfrentaban a sus respectivos establishments pero por "izquierda", como ocurrió en México este año con Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Y desde finales de siglo pasado, con Hugo Chávez en Venezuela, Néstor Kirchner en la Argentina, Rafael Correa en Ecuador y Evo Morales en Bolivia.

En su momento, el propio Lula fue también en Brasil el candidato del cambio. Pero desde la irrupción del fenómeno Fujimori en el Perú, a comienzos de la década de 1990, no vemos en América Latina un candidato exitoso de derecha con claros componentes autoritarios, al menos en su discurso.

Veremos ahora si en su administración plasma en efecto las promesas de campaña, o si se termina amoldando, más temprano que tarde, al formato convencional que caracteriza a la política brasileña. Lo cierto es que su triunfo, que confirmó las tendencias adelantadas por las principales encuestadoras (alrededor de 10% de diferencia respecto de Fernando Haddad), representa un punto de inflexión en el desarrollo político de Brasil y potencialmente también en otros países de la región.

El triunfo de Bolsonaro puede ser interpretado como el eslabón final de un largo proceso de desgaste del sistema democrático brasileño. Según el informe de 2017 de la Corporación Latinobarómetro, Améric
a Latina muestra datos preocupantes desde hace cinco años respecto del apoyo a la democracia: no mejora y ese año fue del 53%. Además, uno de cada cuatro latinoamericanos (25%) es indiferente al tipo de régimen, es decir le da lo mismo un régimen democrático a uno autoritario.

Focalizando en Brasil, el 43% elije la democracia a cualquier otra forma de gobierno y si bien recupera 11 puntos porcentuales respecto de la medición anterior (32%), se encuentra 10 puntos por debajo de la media regional (53%).

La metodología de este estudio se basa en dos indicadores: el grado percibido de democracia y la ubicación de la propia democracia en una escala de 1 a 10 (donde 1 es no democrático y 10 totalmente democrático). En ambos indicadores, Brasil es el último en la tabla: apenas un 1% percibe la democracia de su país como plena, contra la media regional de 5% y la califican con 4,4 puntos, también por debajo del promedio latinoamericano de 5,5 puntos. Por último, aunque hay que reconocer que la mayoría de los latinoamericanos expresa su insatisfacción con la democracia dado que sólo el 30 % afirma que se sienten muy satisfechos o más bien satisfechos, en Brasil ese porcentaje desciende al 13%, siendo el nivel más bajo de toda América Latina.

Otra prestigiosa institución que realiza estudios sistemáticos que arrojan conclusiones convergentes es el Pew Research Center. En su reporte del año pasado, aporta otro dato para tener en cuenta: en los países donde encontramos mayor cantidad de personas que no están afiliadas a ningún partido político, el apoyo popular a la democracia representativa también es menor. En todas las naciones encuestadas, una mediana del 26% no se identifica con ningún partido político en su país, aunque ese porcentaje varía desde un 2% en la India hasta un 78% en Chile. En Brasil, el 60% de los ciudadanos no se siente cercano a ningún partido político.

Estos datos no hacen más que confirmar que el año 2016 fue un punto de inflexión para la historia de Brasil que puede vincularse con las acusaciones en contra de la por entonces presidenta Dilma Rousseff, que terminaron con su destitución través de un proceso de 'impeachment'. Si bien la denuncia original incluía denuncias de corrupción relacionadas con el enorme caso de soborno de la petrolera Petrobras, mejor conocido como Lava Jato, fue por violación de normas fiscales, y de maquillar las cuentas públicas que fue declarada culpable por el Senado. Argumentando que fue a través de este mecanismo, que consistía en usar préstamos de bancos públicos para ocultar un déficit en el presupuesto y cubrir gastos en programas sociales, que se desató la crisis económica.

Tras la revocación del mandato de Dilma, su vicepresidente, Michel Temer, ocupa la presidencia interina hasta el 1° de enero de 2019. Desde el inicio del juicio político a la expresidenta (en octubre de 2015) y hasta ahora el contexto político de Brasil ha estado teñido por escándalos políticos y acusaciones de corrupción, el encarcelamiento del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, además de una visible fragmentación de los partidos políticos. Si sumamos a este panorama el alto nivel de inseguridad, violencia y falta de credibilidad en en las instituciones y en el sistema político brasilero, se puede quizás explicar la desesperanza de la ciudadanía brasilera hacia salidas políticas tradicionales y la aparición de personajes tan controvertidos como Jair Bolsonaro.

La hora de la verdad

Nunca es fácil ganar elecciones, pero mucho más difícil es gobernar. Las promesas de campaña pueden convencer a los votantes, pero luego de los comicios se convierten en un contrato exigente. ¿Podrá Bolsonaro satisfacer las enormes expectativas de transformación que en efecto ha generado? Si bien cuenta con una dilatada experiencia parlamentaria, nunca ejerció cargos ejecutivos. Hasta ahora insinuó que su gabinete contará con un número importante de militares, sin experiencia en cargos políticos, veremos cómo queda conformada la composición final: se abre una transición de dos meses (asumirá el 1/1/19), pero su promesa de cambio seguramente desalentará la designación de funcionarios que conozcan los meandros del poder. Esto nos hace suponer que la curva de aprendizaje no será rápida ni sencilla para el electo presidente.

El otro enigma apunta a la cuestión de las instituciones. Por un lado, su relación con el Congreso, que se encuentra fragmentado. ¿Conseguirá apoyo de los otros partidos, gracias al momentum que logró en la opinión pública? Por el otro, su vínculo con la Justicia ¿Respetará la independencia del Poder Judicial, a pesar de las agresivas declaraciones de uno de sus hijos que amenazó con desconocer los fallos de la Corte?

Finalmente, algunos de los caballitos de batalla su campaña implicaba una reestructuración radical del aparato del Estado, sobre todo en materia de política social. Esto amenaza con generar una ola de conflictos sociales no menores, incluyendo una eventual judicialización de medidas que afecten derechos adquiridos. ¿Cuál será la reacción de Bolsonaro frente a estos potenciales desafíos?

La posibilidad de que la ola de desencanto que explica su victoria termine también afectando su propia presidencia constituye uno de los enigmas que habremos de monitorear en los próximos años. El impacto del fenómeno Bolsonaro ha tenido su clímax con su triunfo de ayer. A partir de ahora, con la responsabilidad de tener que responder efectivamente a las múltiples promesas realizadas, el simplismo de la campaña podrá convertirse, como ocurre tan habitualmente, es una suerte de boomerang.

Manejar la desilusión y procesar el desencanto es una tarea ardua y sin finales felices. Macri podría ayudar a su vecino y contarle su experiencia en esta materia.

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