Sandra
Galvan desde hace ya cuatro años llega cada sábado al vertedero
municipal portando una olla gigantesca con comida, para la gente que
entre la basura y la podredumbre busca que comer.
Ella,
junto a un grupo solidario de personas, tomó en sus manos la tarea de
alimentar con ayudas de comercio aquellas personas que en estado de
enajenación buscan que llevar a la boca en una ciudad donde ya hasta
parte de la llamada clase media baja está a punto de llegar a la lÃnea
de pobreza.
Cada dÃa son más las personas que van
con mayor frecuencia al vertedero buscando comida dice Sandra. El
estado colabora poco y nada en un tema que realmente les compete y
deberÃa ser parte de su preocupación. Lo cierto es que entre 40 y 50
personas esperan cada sábado a la olla ambulante para comer algo que no
venga de la basura que se arroja en el vertedero municipal.
A
cuatro años de fundada la olla ambulante la situación se hace cada vez
más insostenible . A falta de apoyo de comercios y supermercados cada
uno de los miembros aporta de su bolsillo de forma solidaria.