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La justicia investiga si el esposo del diseñador Carlos Di Domenico era "valijero" de los Kirchner

Una testigo italiana se presentó en la Justicia y apuntó contra Juan Manuel Campillo, exfuncionario K. Reveló un supuesto método de lavado de dinero a través de los vestidos y aportó cuentas en Suiza y en la Banca Privada d'Andorra. Fuertes sospechas de asesinato.

Carlos Di Doménico junto a su esposo, Juan Manuel Campillo.

09:23 21/10/2018






Las pocas personas que vieron a Carlos Di Doménico en los meses previos a su muerte coinciden en algo: el reconocido diseñador atravesaba una profunda crisis económica y emocional. Se encontraba lejos de su negocio, familia y amigos. Su círculo más íntimo concuerda, además, en señalar a su esposo, Juan Manuel Campillo, exsecretario de Hacienda de Santa Cruz y uno de los hombres que mejor conoció los secretos financieros de Néstor Kirchner, como el responsable de esta situación.

El fallecimiento del modisto está envuelto en sospechas. Sus hijos, Stéfano y Carla, descreen de una muerte por leucemia y esperan que la Justicia ordene la autopsia sobre el cuerpo de su padre para confirmar o descartar un asesinato. En paralelo, el juez Julián Ercolini investiga si Campillo -señalado como el primer valijero K- blanqueó dinero de la corrupción a través de la estructura de negocios del diseñador y si llevó a cabo maniobras defraudatorias para vaciar sus empresas y despojarlo de sus bienes. La causa, que se inició por una demanda laboral de los exempleados de Di Doménico, sumó un elemento clave: una testigo italiana vinculó al exsecretario santacruceño con supuestas maniobras de lavado de los Kirchner.

Anna Putrino, exapoderada del diseñador en Italia, reveló el supuesto método utilizado por el viudo del modisto para blanquear dinero y afirmó ante el fiscal Jorge Di Lello que en la intimidad Di Doménico "decía que Campillo era valijero y que sacaba plata a Panamá y las Islas Vírgenes de los Kirchner”. La mujer también aportó cuentas en el exterior de las que retiraba fondos para comprar prendas y telas, siempre por orden del modisto y su esposo, quien en los últimos años se había introducido de lleno en el negocio de la moda tras alejarse de la política.

Así, la denuncia formulada por las abogadas Alejandra Bellini y Florencia Arietto -representes legales de los trabajadores despedidos- dio forma a un expediente que intenta determinar si los fondos utilizados para adquirir los vestidos en el extranjero provenían de la corrupción. Un dato sobrevuela la investigación: Campillo conoció como pocos el destino y manejo de los fondos extraordinarios que la provincia de Santa Cruz cobró por regalías petroleras, que estuvieron depositados en cuentas en el exterior hasta su regreso al país.

Putrino fue durante años empleada de Di Doménico en Italia, uno de los destinos favoritos del diseñador y el sitio donde compraba buena parte de las telas y prendas que luego vendía en la Argentina. El 15 de septiembre de 2015 la italiana y el modisto firmaron un poder especial que le permitió a la mujer disponer de los fondos de una cuenta en la Banca Privada d'Andorra con los que compraba los materiales luego utilizados en las prendas de colección. Según la documentación presentada por la testigo, pasaron por allí US$ 292 209 (nunca declarados). Aunque habría más: la italiana aportó otra cuenta en Suiza, de la que dispuso de un volumen de dinero mucho mayor. Esta estructura de negocios -según la denuncia- habría sido utilizada por Campillo para llevar adelante maniobras de lavado.

TN.com.ar accedió a un extracto de la cuenta en dólares en el PKB Privat Bank, con sede en Lugano, Suiza, que según las abogadas de los trabajadores nunca fue declarada en la Argentina. La misma lleva la denominación “Balleneros”, en referencia al balneario Punta Ballena, uno de los favoritos de Di Doménico y Campillo en el departamento de Maldonado, Uruguay. Al 31 de marzo de 2014, la cuenta contaba con US$ 700 000 aunque para el 7 de julio de ese año se habían gastado US$ 464 000 en telas y accesorios de indumentaria.

Los investigadores creen que la pareja colocó un nombre ficticio para que el dinero no fuese detectado. En el mismo banco surge otra cuenta en euros que durante el mismo período de tiempo pasó de € 92 000 a 12 558 euros. “Sabemos que existe una cuenta madre que alimenta a todas estas satélites y que el dinero proviene de la corrupción”, declaró Bellini en diálogo con este sitio.

La testigo dijo “desconocer” el origen de los fondos pero en su declaración insistió en revelar una frase que el diseñador repetía en la intimidad: “Di Doménico empezó a decir que (Juan Manuel) Campillo era valijero y que sacaba plata a Panamá y las Islas Vírgenes (plata de los Kirchner)”. Cuando la Justicia le preguntó por qué Campillo no era el titular de estas cuentas, contestó que no podía porque era “políticamente incorrecto”. En 2008, la Banca Privada d'Andorra rechazó un depósito millonario del entonces gobernador de la provincia de Neuquén, Jorge Sapag, debido a que sospechaba que eran fondos ilegales. Allí también ocultó 1,2 millones de dólares el exsubsecretario general de la Presidencia, Valentín Díaz Gilligan, según publicó el diario El País.

Una vez hecha la compra de las prendas, la italiana afirmó que por orden del exfuncionario K las facturas se adulteraban. Ante la Justicia ensayó un ejemplo: “Ellos compraban mercadería a $10 y la vendían a cinco veces su valor. La plata salía de la cuenta de Lugano o Andorra”, relató la exapoderada de Di Doménico, y continuó: “Campillo me hacía hacer facturas por montos mucho mayores a los de la verdadera venta o ventas inexistentes”. Según su relato, las prendas entraban al país con la ayuda de un contacto en la Aduana a quien identificó como Gabriel Cuono, quien por cada ingreso "cobraba una coima de 250 dólares".

“Campillo utilizó todas las instalaciones de Buenos Aires y Punta del Este para lavar el dinero que tenía en el exterior y que salió de las arcas públicas de Santa Cruz. Contaba con una ventaja: los vestidos no tienen valor de referencia. Todo ese dinero para comprar telas y prendas de firmas de renombre como Roberto Cavalli partía de las cuentas de Andorra y Lugano, aunque creemos que existen más. Luego las importaban y esa plata entraba blanca, pese a que no está claro el origen de los fondos”, insistió Bellini.

La italiana también hizo particular énfasis en destacar que el dinero que el exsecretario de Hacienda santacruceño habría girado al exterior aún está en su poder. “La plata de la corrupción se la quedó Campillo ($50 millones)”, afirmó en la Justicia. Este es el motivo por el que las abogadas en su denuncia vinculan al exfuncionario con la Ruta del Dinero K y le solicitaron al juez Ercolini que envíe exhortos a los paraísos fiscales mencionados por el modisto para verificar la existencia de las cuentas. Entre los pedidos de las letradas hay uno que sorprendió a los investigadores: solicitaron que el Servicio Penitenciario Federal (SPF) responda sí el 23 de diciembre de 2016, Campillo visitó a Lázaro Báez en el penal de Ezeiza.

Campillo y Di Doménico se conocieron en 2010, en la gala solidaria de Fundaleu. La conexión fue total y solo bastaron unos meses para que la pareja decidiera convivir. Pero el entorno del modisto nunca estuvo de acuerdo con el vínculo, a tal punto que se casaron en secreto. Ni siquiera sus hijos presenciaron la unión y Carla estuvo molesta por mucho tiempo con su padre. Lo cierto es que el inicio de este último matrimonio fue algo diferente al vínculo que durante 13 años mantuvo con César Juricich, con quien además fue socio. En rigor, lo mismo ocurriría con el exfuncionario aunque la historia tendría ribetes muy diferentes.

TN.com.ar se comunicó con Gonzalo Díaz Cantón, abogado de Campillo, para conocer su versión de los hechos. El exfuncionario, siempre a través de su defensa, se negó a responder preguntas. “No quiere hablar por otro medio que no sea la Justicia”, expresó el letrado, quien por orden de su defendido, tampoco respondió a las consultas de este sitio.

La Justicia investiga una serie de sociedades -propiedad de Di Doménico, Campillo, sus hijos y sobrinos- que habrían servido para girar fondos al exterior e ingresar dinero a la Argentina. Los investigadores se posaron sobre una en particular: Luz del Alma S.A, empresa que se habría utilizado para lavar dinero y despojar a Di Doménico de sus bienes.

La sociedad fue creada en 2013 por Gastón Nicolás Campillo, sobrino del exfuncionario, y Carla Di Doménico, hija del diseñador. Cuatro años después, el 22 de febrero de 2017, se firmó un acuerdo de "transferencia de activos" entre Luz del Alma S.A. -que para ese entonces ya estaba representada por Juan Manuel Campillo-, y Carlos Di Doménico. Según el contrato al que accedió TN.com.ar, el modisto compró todos los activos de la firma (telas, vestidos, carteras italianas, objetos de arte) a cambio de 297.000 euros, suma que se abonó mediante la entrega de un departamento que el diseñador tenía en Milán, en la calle Vía Settembrini N 41.

La operación podría confirmar lo que las abogadas sostuvieron en su presentación judicial: durante el último año de vida del modisto, Campillo se apoderó de buena parte de sus bienes. Todo es materia de análisis. Incluso, el convenio no especificó la clase y cantidad de telas y prendas que el exfuncionario le entregó a cambio del inmueble.

La propiedad en cuestión fue adquirida por la testigo como apoderada de Di Doménico el 14 de mayo de 2014. En el boleto de compraventa participaron Borsani Elena Francesa (parte vendedora) y Putrino (compradora), en una operación que se realizó por 245 mil euros. Las abogadas solicitaron se envíe un exhorto a Italia para conocer la titularidad de la propiedad que pasó a manos de Campillo.

La empresa Luz del Alma modificó su directorio en varias oportunidades y las personas que pasaron por la sociedad están en la mira. El 29 de junio de 2015, Gastón Campillo fue designado como presidente y Carla Di Doménico como vice, pero el 8 de julio de ese año el exfuncionario K recibió un poder de su sobrino para administrar la firma. El documento le atribuyó amplias facultades para manejar el negocio.

Al año siguiente, la hija del modisto se retiró de la empresa y le transfirió sus títulos de acción a Micaela Lombardi (sobrina de Campillo). Tan solo seis días después, el exsecretario de Hacienda asumió como presidente de la asamblea y Lombardi lo hizo como secretaria. De esta forma la firma pasó a manos de la familia del contador. La empresa está radicada en Uruguay y tiene domicilio en la calle 29, Las Gaviotas, Punta del Este. Esta serie de movimientos son investigados por la Justicia. TN.com.ar intentó comunicarse con los hijos del diseñador pero no obtuvo respuesta.

La defensa de los trabajadores también aportó como prueba de posible lavado un acuerdo comercial presocietario, firmado por Campillo, Di Doménico y Gustavo Fabio Arce, dueño de la firma Agustino. El objetivo era explotar de forma conjunta las firmas, por lo que como capital social, el matrimonio aportó US$ 500 000 (en partes); un inmueble en Mar del Plata (US$ 400 000); otro en Punta del Este (us$ 650 000) y el departamento de Milán (US$ 297 000). A estos se suman bienes muebles por US$ 790 738 y US$ 1 941 549.

En su denuncia las abogadas plantearon la sospecha de que la entrega de los US$ 500 000 respondía a una maniobra de lavado de dinero ya que Campillo no especificó el origen de los fondos. El contrato en cuestión nunca se cumplió y Arce, quien se puso a disposición de la Justicia, solicitó la ejecución del mismo. TN.com.ar accedió a un intercambio de mails entre las partes.

Otras tres firmas fueron mencionadas en la causa. Domicela Sociedad Anónima, de Carla Di Doménico y Stefano Di Doménico; Asad Akram S.A., radicada en las Islas Vírgenes Británicas y Asad Arfan S.A. Esta última también está integrada por los hijos del diseñador, quienes tras conocer la denuncia por supuesto lavado de dinero se presentaron como querellantes, pero la Justicia se los negó ya que entienden que los jóvenes también pudieron haber participado de las maniobras de lavado.

ENCONTRARON EL ARA SAN JUAN

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La nave fue localizada un año y dos días después sobre el lecho marino a 800 metros de metros de profundidad en el Atlántico Sur. A través de un comunicado, los parientes solicitaron respeto y honor para los tripulantes.